Una cueva estrecha en la ladera norte del monte Bülbül, muy por encima de las ruinas, conserva un fresco de hacia el siglo VI que pinta a Pablo y a Tecla de Iconio con la misma estatura y el mismo gesto. Es una de las imágenes más antiguas del apóstol. La gruta está cerrada al público por conservación; no se ha anunciado fecha de reapertura (octubre de 2026).
Un relato del siglo II que no entró en la Biblia convirtió a una muchacha de Iconio en la santa más famosa de la Antigüedad. Siglos después, una escena de ese relato se pintó en las paredes de una cueva sobre Éfeso, una capilla a la que los cristianos de la ciudad subieron a rezar durante generaciones. Esta guía cuenta esa historia: quién era Tecla, qué se pintó, qué se borró y qué dice todo ello de la ciudad.
Los «Hechos de Pablo y Tecla»
Es un texto apócrifo del siglo II: circuló entre los cristianos, pero quedó fuera del Nuevo Testamento. Su protagonista es Tecla, una joven de Iconio, la actual Konya, que estaba prometida en matrimonio. Oyó predicar a Pablo, rompió su compromiso para seguir lo que él enseñaba, con gran alarma de su madre, y salió con vida de los intentos de ejecutarla.
En varios episodios del relato, Tecla se enfrenta a las fieras. Quien conozca las cartas de Pablo reconocerá el eco de una frase suya: «batallé en Éfeso contra fieras» (1 Corintios 15:32). Qué hay de historia y qué de leyenda en la vida de Tecla nadie puede decirlo hoy; lo que está fuera de duda es que su figura llegó hasta Éfeso y acabó en una pared.
La escena pintada en la cueva
El fresco más conocido de la gruta, de hacia el siglo VI, ilustra el principio de esa historia. Pablo enseña. Tecla, todavía una muchacha, lo escucha asomada a su ventana. Su madre, Teoclia, hace un gesto de alarma: es el momento en que la vida de la hija está a punto de cambiar de rumbo.
Lo que detiene a quien lo estudia es la composición. Pablo y Tecla tienen la misma estatura y el mismo gesto: la mano alzada de quien enseña con autoridad. En la pintura de entonces, el tamaño de una figura y lo que hace con las manos indicaban su rango, así que la lectura más extendida es que el pintor los colocó al mismo nivel: el apóstol y su discípula, con idéntica autoridad para enseñar.
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Los ojos raspados
Alguien, en una época posterior, volvió a esa pared y raspó dos cosas de la figura de Tecla: los ojos y la mano levantada. No dejó su nombre ni sus razones. Pero lo que eligió dice mucho: no destruyó la escena, sino justo el gesto que igualaba a la joven con Pablo. Es difícil no leerlo como la respuesta de alguien a quien esa igualdad incomodaba, aunque ningún texto lo confirma.
El rostro de Pablo
Junto a la figura del apóstol se lee su nombre en griego. Lo pintaron con la frente alta y calva, una barba oscura acabada en punta y la nariz larga: el aspecto que le atribuyen los «Hechos de Pablo» y que después repitieron los iconos durante siglos. Es, además, una de las imágenes de Pablo más antiguas que se conservan en el mundo.
Una capilla de peregrinos
La gruta es una cavidad estrecha que se adentra unos quince metros en la roca. Durante muchos siglos los cristianos la usaron como capilla: enlucieron sus paredes, las pintaron y las repintaron una y otra vez. Los peregrinos bizantinos dejaron además cientos de oraciones grabadas en el enlucido, muchas dirigidas a Pablo por su nombre para pedirle ayuda.
Esas capas escondieron el fresco hasta 1998. Ese año, unos restauradores que retiraban un enlucido tardío vieron aparecer caras pintadas debajo, y las pinturas fueron documentadas por el Instituto Arqueológico Austriaco, el equipo que excava Éfeso.
Una pregunta sigue abierta: si Pablo llegó a usar esta cueva. No hay forma de demostrarlo, y conviene desconfiar de quien lo dé por hecho. Lo que sí consta es que, durante siglos, los fieles de la ciudad subieron hasta ella para invocarlo.
Qué dice del cristianismo de Éfeso
Primero, que la ciudad no olvidó a Pablo. Su estancia dejó una memoria que seguía viva cientos de años después, en una capilla de montaña donde se le rezaba por su nombre. Lo que hizo aquí está en San Pablo en Éfeso: qué hizo y dónde.
Segundo, que la devoción de la gente iba más allá del canon. Un relato apócrifo bastó para decorar una capilla, y su heroína era una mujer. Cuando se pintó el fresco, la ciudad ya había acogido el concilio del año 431, el que proclamó a María Madre de Dios.
Y tercero, que esa imagen se discutió. Los ojos raspados de Tecla muestran que la igualdad que proponía el pintor no convenció a todos los que entraron después.
¿Se puede visitar la gruta?
No. La gruta de San Pablo está cerrada al público por conservación; no se ha anunciado fecha de reapertura (octubre de 2026). No forma parte de ninguna de nuestras excursiones y no hay manera de entrar. Si se anuncia una reapertura, lo contaremos en esta guía.
En la ladera norte del monte Bülbül, el antiguo monte Coreso, muy por encima de las ruinas de Éfeso. Es una cueva estrecha que entra unos quince metros en la roca.
¿Se puede visitar la gruta de San Pablo?
No. Está cerrada al público por conservación; no se ha anunciado fecha de reapertura (octubre de 2026).
¿Quién era santa Tecla?
La protagonista de los «Hechos de Pablo y Tecla», un relato apócrifo del siglo II: una joven de Iconio, hoy Konya, que dejó su compromiso para seguir la enseñanza de Pablo y sobrevivió a los intentos de ejecutarla. Llegó a ser la santa más famosa de la Antigüedad.
¿Estuvo san Pablo en esta cueva?
No se puede demostrar. Lo que sí consta es que los cristianos de Éfeso la usaron como capilla durante siglos y grabaron en ella cientos de oraciones, muchas dirigidas a él.
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“Retazos de historia entre ruinas”
Los orígenes de la ciudad de Éfeso se pueden encontrar en la época de los Ititas, así como en la Biblia. Los vestigios de esta ciudad, y los relatos de nuestra guía turística, nos ubica en la historia y en la sociedad del momento, pudiendo valorar los actuales derechos del hombre. Es un lugar impresionante por su grandiosa arquitectura. Para visitar este lugar se necesitan zapatos cómodos, sombrero y no puede faltar…