De ciento veintisiete columnas queda una, montada con tambores de varias distintas y coronada por un nido de cigüeñas.
Conviene avisar antes de llegar: aquí no hay casi nada que ver. Una columna solitaria en medio de un prado encharcado, unos bloques de mármol tirados y unas cigüeñas. Mucha gente se decepciona, y la culpa suele ser de quien no le contó qué está mirando.
Porque lo que hubo aquí fue el edificio más grande del mundo griego. El templo que Creso de Lidia financió en el siglo VI a. C. y que se reconstruyó después medía unos 137 metros de largo por 69 de ancho, con 127 columnas de casi veinte metros. Era más grande que el Partenón y estaba hecho enteramente de mármol. Antípatro de Sidón, que hizo la lista de las Siete Maravillas, escribió que al verlo las demás le parecieron menos.
El hombre que lo quemó para ser famoso
En el año 356 a. C. un tal Heróstrato le prendió fuego. Cuando lo detuvieron confesó que lo había hecho para que su nombre se recordara para siempre. Los efesios lo ejecutaron y prohibieron pronunciar su nombre bajo pena de muerte, precisamente para que el plan no funcionara. Han pasado veintitrés siglos y aquí estamos, contándolo.
La casualidad que remata la historia: según la tradición, el templo ardió la misma noche en que nació Alejandro Magno.
Por qué desapareció del todo
Se reconstruyó después del incendio, todavía más grande, y funcionó hasta que los godos lo saquearon en el 262 y el cristianismo acabó con su culto. A partir de ahí pasó lo de siempre: sirvió de cantera. Sus columnas y sus mármoles se reutilizaron en la Basílica de San Juan, en la mezquita de İsa Bey y, según una tradición muy repetida, en Santa Sofía de Constantinopla.
La columna que se ve hoy la montaron los arqueólogos con tambores de columnas distintas para señalar el sitio. No es una columna original completa: es un recordatorio.
La vista que sí compensa
Desde aquí se ven a la vez tres cosas: la columna del templo pagano, la Basílica de San Juan cristiana en el cerro y el minarete de la mezquita de İsa Bey. Tres religiones en un mismo encuadre, en trescientos metros. Es la mejor fotografía conceptual que se puede hacer en Selçuk.
02Dudas razonables
Preguntas frecuentes
¿Qué queda del Templo de Artemisa?
Una sola columna, montada por los arqueólogos con tambores de varias columnas distintas, más los cimientos y bloques sueltos en un terreno que suele estar encharcado. La visita son quince minutos.
¿Merece la pena parar?
Sí, si alguien le cuenta lo que hubo. Sin explicación es una columna en un campo; con ella, es el sitio por el que existió la ciudad entera.
¿Se paga entrada?
No, el recinto del Artemisión es de acceso libre y está justo al lado de la carretera de Selçuk.
¿Dónde están las piezas originales?
Repartidas. Hay fragmentos y esculturas en el Museo Británico, y material reaprovechado en la Basílica de San Juan y en la mezquita de İsa Bey, a pocos cientos de metros.
Véalo con alguien que sabe contarlo
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No puede faltar la recorrida por las ruinas del Efeso, donde encontraras la biblioteca, el auditorium, el anfiteatro... los baños... una maravilla arqueologica, digna de admiracion. Un recorrido largo, para realizarlo a hora temprana o bien al atardecer dado que en epoca de calor suele ser extenuante.