Quien quemó el Templo de Artemisa de Éfeso fue un tal Eróstrato, en el verano del año 356 a. C., y según confesó bajo tortura lo hizo solo para que su nombre se recordara para siempre. La ciudad respondió prohibiendo que se le mencionara, y esa prohibición es precisamente la razón de que, más de 2.380 años después, sigamos sabiendo cómo se llamaba.
Es la historia que más se pide en el prado del Artemisión, junto a Selçuk, y la que mejor funciona con cualquier público, de los ocho a los ochenta años. Aquí va entera: lo que dicen las fuentes antiguas, lo que se ha añadido después, la noche en que nació Alejandro Magno, la sospecha de algunos arqueólogos y la palabra que el castellano sacó de todo esto.
El incendio, en corto
- Quién
- Eróstrato, también escrito Heróstrato (en griego, Hēróstratos)
- Cuándo
- Verano del 356 a. C.
- Qué ardió
- El templo arcaico de Artemisa, el que había financiado Creso de Lidia
- Por qué
- Para ser famoso, según su confesión bajo tortura
- El castigo
- Un decreto que prohibía mencionar su nombre
- Quién lo apuntó igualmente
- El historiador Teopompo de Quíos
- Qué queda hoy
- Una columna recompuesta en un prado junto a Selçuk
¿Quién quemó el Templo de Artemisa de Éfeso?
Lo quemó Eróstrato (o Heróstrato), un hombre del que no se sabe casi nada más, en el verano del 356 a. C. Confesó bajo tortura que buscaba la fama. Éfeso decretó que su nombre no se mencionara nunca, pero el historiador Teopompo lo escribió, y así ha llegado hasta hoy.
Eróstrato según las fuentes antiguas
Conviene separar lo que está escrito de lo que se ha ido añadiendo, porque de Eróstrato se cuentan muchas cosas y casi ninguna viene de un texto antiguo.
Lo esencial lo recoge el romano Valerio Máximo, en un capítulo dedicado precisamente al ansia de gloria: hubo un hombre que quiso incendiar el templo de Diana en Éfeso para que, destruida la obra más hermosa, su nombre corriera por todo el mundo. Lo descubrieron cuando lo pusieron en el potro. Los efesios, sigue Valerio, hicieron bien en borrar por decreto la memoria de aquel hombre, y lo habrían conseguido si Teopompo, con su gran elocuencia, no lo hubiera metido en sus historias.
Estrabón, el geógrafo griego, lo nombra en una sola línea: el templo lo incendió «un tal Heróstrato», y los ciudadanos levantaron otro mejor. No dice nada más de él. No sabemos su oficio, ni su edad, ni si era efesio. Siglos después, Cervantes lo llamó «pastor», y la tradición repite que lo ejecutaron, aunque ningún texto antiguo describe su muerte.
El fuego tuvo por dónde empezar. Los muros y las columnas eran de piedra, pero la cubierta descansaba sobre vigas de madera, y un edificio de más de cien metros de largo tenía mucha.
La ley que prohibió su nombre, y por qué no funcionó
La respuesta de la ciudad fue ingeniosa: si aquel hombre quería fama, la condena sería el olvido. Aulo Gelio, otro autor romano, precisa que fue el consejo común de Asia, la asamblea de las ciudades griegas de la región, quien decretó que nadie mencionara nunca el nombre del que había quemado el templo.
Falló por una razón sencilla: Teopompo de Quíos no vivía en Éfeso ni obedecía a esa asamblea. Escribió el nombre en su historia de Filipo de Macedonia, otros lo copiaron de él, y aquí estamos.
Un detalle que se repite mucho en internet es que se castigaba con la muerte a quien pronunciara el nombre. No aparece ni en Valerio Máximo ni en Aulo Gelio, los dos autores que cuentan la prohibición. Es un adorno posterior, bastante más reciente que la historia.

Casi nadie conoce el nombre de uno solo de los arquitectos que reconstruyeron el templo. El del hombre que lo quemó lo conoce cualquiera que haya pasado por este prado.
La noche en que nació Alejandro Magno
La historia tiene un remate que parece inventado, y probablemente lo es. Plutarco escribe que Alejandro nació el sexto día del mes de hecatombeón, y que ese mismo día ardió el templo de Artemisa en Éfeso. Las conversiones modernas dan una fecha de julio del 356 a. C.; unos dicen el 20, otros el 21.
Plutarco recoge también la gracia del orador Hegesias de Magnesia: no era raro que el templo se quemara, porque la diosa estaba ocupada trayendo a Alejandro al mundo. Al propio Plutarco el chiste le pareció tan frío que habría bastado para apagar el incendio. Y añade que los magos persas que estaban entonces en Éfeso corrieron por las calles golpeándose la cara y gritando que aquel día había nacido una gran desgracia para Asia.
La coincidencia se escribió cuando Alejandro ya era Alejandro, y huele a relato construido después. Pero tiene una segunda parte que sí está bien documentada. En el 334 a. C., recién empezada su campaña contra Persia, Alejandro llegó a Éfeso y encontró el templo en obras. Según Estrabón, se ofreció a pagar todo lo gastado y lo que faltara, con una condición: que su nombre figurara en la inscripción. Los efesios dijeron que no. Uno de ellos le contestó que no era propio de un dios dedicar ofrendas a otros dioses.
Prefirieron pagarlo ellos. Estrabón cuenta que reunieron las joyas de las mujeres y sus propios bienes, y que vendieron hasta las columnas del templo quemado.
¿Fue de verdad Eróstrato? La sospecha de los arqueólogos
Hay una lectura menos novelesca que merece la pena conocer. Algunos investigadores del yacimiento, como Dieter Knibbe y Stefan Karwiese, han planteado que Eróstrato pudo ser una cabeza de turco. El templo arcaico llevaba dos siglos en un terreno de marisma, con problemas de agua y de hundimiento, y un incendio resolvía de golpe el problema de sustituirlo. Culpar a un loco, además, evitaba la pregunta incómoda: por qué la diosa no había protegido su propia casa.
Los argumentos son prácticos. Para prender fuego a la cubierta había que llegar a zonas restringidas del santuario. Y un hombre que busca la fama no suele esperar al potro para explicar sus motivos.
Es una hipótesis, no una conclusión, y la mayoría de los historiadores sigue contando la versión clásica. Pero explica bien por qué se reconstruyó tan deprisa y sobre una plataforma más alta.

Aquel templo nuevo, el de la segunda mitad del siglo IV a. C., es el que entró en la lista de las Siete Maravillas. Sus columnas tenían la parte baja esculpida con figuras a tamaño natural, como el tambor de la foto. Lo que se ve hoy en el Museo de Éfeso, en Selçuk, son sobre todo las estatuas de la diosa, cuyo sentido contamos en qué significan las formas de la Artemisa de Éfeso.
¿Quién destruyó el Templo de Artemisa del todo?
Eróstrato no. Él quemó el templo arcaico; el que acabó desapareciendo fue el segundo, y no lo hizo una sola persona. Los godos lo saquearon en el año 262 y, cuando el cristianismo acabó con su culto, el edificio pasó a ser una cantera. Sus mármoles están en la Basílica de San Juan y en la mezquita de İsa Bey, a pocos cientos de metros. Hay quien dice que también en Santa Sofía de Estambul, aunque eso es más tradición que dato.
Cuando el ingeniero inglés John Turtle Wood lo buscó, en el siglo XIX, ya nadie sabía dónde había estado. Tardó seis años en dar con el enlosado, el último día de 1869, a unos seis metros bajo el barro. La línea completa, de la fundación de la ciudad a los godos, está en la historia de Éfeso resumida.
El complejo de Eróstrato: del Quijote a Sartre
Eróstrato perdió la vida y ganó exactamente lo que buscaba: un sitio en el idioma. El Diccionario de la lengua española recoge «erostratismo», que define como la manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre. En la calle se dice más «complejo de Eróstrato» o «síndrome de Eróstrato», y se aplica a quien hace algo destructivo para salir en las noticias.
Cervantes ya lo usó en la segunda parte del Quijote, capítulo 8, cuando habla del que quemó el templo de Diana «sólo porque quedase vivo su nombre en los siglos venideros», y añade que, aunque se mandó que nadie lo nombrase, se supo igualmente que se llamaba Eróstrato. Después vinieron otros: Jean-Paul Sartre le dedicó un cuento, «Eróstrato», en El muro (1939), y Fernando Pessoa un ensayo sobre la búsqueda de la inmortalidad.
Ejemplos modernos del complejo hay muchos, y casi todos tristes. Por eso aquí preferimos contar el caso original, que al menos tiene la ironía de su lado: la única ley de la historia pensada para borrar un nombre es la que lo ha hecho inmortal.
Lo que queda hoy: una columna y una historia
- Dónde está. En un prado junto a la carretera de Selçuk a Éfeso, más bajo que el terreno de alrededor. Por eso en invierno se encharca y la columna se refleja en el agua.
- La columna. No es original de una pieza: los arqueólogos la montaron con tambores de columnas distintas para marcar el sitio. En primavera y verano suele tener cigüeñas en lo alto.
- El mejor encuadre. Desde el borde del prado entran a la vez la columna pagana, la basílica cristiana y el minarete de İsa Bey. Tres religiones en una sola foto.
- El tiempo que necesita. Unos quince minutos. Más, si alguien le cuenta lo que está mirando.
Qué queda exactamente y cómo encaja la parada en el día lo explicamos en la ficha del Templo de Artemisa de Éfeso, y el pueblo que lo rodea, en qué ver en Selçuk. Si le interesa el filósofo que dejó su libro en el templo anterior al incendio, lo tiene en las frases de Heráclito.
Cómo contarlo allí, con niños o sin ellos
Esta historia la contamos de pie delante de la columna, y es la parada con la que cerramos la excursión a Éfeso en familia: los niños olvidan las fechas en una semana, pero se acuerdan durante años del hombre que quemó una maravilla del mundo para ser famoso. Si viaja sin niños y con poco tiempo, la excursión de medio día a Éfeso también puede terminar aquí.
Como agencia con licencia compramos las entradas de la ciudad antigua por adelantado: el acceso prioritario va incluido sin suplemento y la entrada se paga a su tarifa oficial, sin recargo, como explicamos en la guía de precios de Éfeso.
Nuestro consejo: deje el Artemisión para el final del día, cuando la luz baja y el prado se queda casi vacío, y cuente la historia en voz alta antes de mirar la columna. Así se entiende lo que falta.
Fuentes y lecturas
- Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables 8.14, ext. 5 (texto latino) — LacusCurtius
- Aulo Gelio, Noches áticas 2.6.18 — LacusCurtius
- Estrabón, Geografía 14.1.22, sobre el incendio y la reconstrucción — LacusCurtius
- Plutarco, Vida de Alejandro 3 — LacusCurtius
- Herostratus — Encyclopaedia Britannica
- Ephesus — Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO
Escrito por el equipo de guías de Gezginol en Kuşadası. Si ve algo que ha cambiado sobre el terreno — un horario, un precio, una obra — díganoslo a info@excursiondeefeso.com y lo corregimos.

