Las letras efesias (en griego, Ephesia grammata) eran seis palabras mágicas sin significado: askion, kataskion, lix, tetrax, damnameneus y aisia. Se recitaban o se llevaban escritas como amuleto contra el mal, y un léxico antiguo asegura que estaban escritas en la propia estatua de Artemisa de Éfeso. Esa fama de capital de la magia es el fondo de Hechos 19:19, cuando los efesios quemaron libros de magia por valor de cincuenta mil piezas de plata.
Cuando leemos Hechos 19 sentados en el graderío del Gran Teatro, el motín de los plateros se lleva toda la atención. Pero las preguntas llegan después, y suelen ser sobre los versículos anteriores: quiénes eran aquellos exorcistas, qué había en los libros y por qué valían tanto. Aquí va lo que cuentan los textos antiguos, y lo que todavía se ve a veinte minutos de Kuşadası.
Las letras efesias, en corto
- Qué son
- Seis palabras mágicas griegas, sin significado
- Las seis
- askion, kataskion, lix, tetrax, damnameneus y aisia
- Para qué servían
- Alejar el mal, los demonios y los maleficios
- La prueba más antigua
- Una lámina de plomo de Hímera (Sicilia), anterior al 409 a. C.
- Dónde estaban escritas
- En la estatua de Artemisa, según un léxico del siglo II
- En la Biblia
- Hechos 19:11-20, los exorcistas y la hoguera de libros
- Dónde ver a la diosa
- Museo de Éfeso, en Selçuk
¿Qué eran las letras efesias?
Eran un conjuro de seis palabras sin sentido —askion, kataskion, lix, tetrax, damnameneus y aisia— que se recitaba o se llevaba como amuleto contra el mal. Funcionaba por el sonido, no por el significado, y debía su nombre a Éfeso: se decía que estaba escrito en la estatua de Artemisa.
Los propios griegos las tenían por nombres vacíos. Lo que contaba era pronunciarlas bien, porque mal dichas perdían la fuerza. Por eso viajaron durante siglos con pequeñas variantes, copiadas de oído y de mano en mano.
Eso no impidió que alguien intentara traducirlas. Clemente de Alejandría, hacia el año 200, recoge la lectura de un pitagórico llamado Andrócides, para quien eran símbolos de la naturaleza: askion, «sin sombra», sería la oscuridad; kataskion, «sombreado», la luz, que es la que hace sombra; lix, un nombre antiguo de la tierra; tetrax, el año con sus cuatro estaciones; damnameneus, el sol, «el que doma»; y aisia, la voz verdadera. Es una lectura ingeniosa, pero hecha siglos después. Nadie ha demostrado que las palabras quisieran decir nada.
De una lámina de plomo a las comedias griegas
Las letras efesias son más antiguas que casi todo lo que hoy se ve en el yacimiento. La versión más antigua conocida está en una lámina de plomo dañada de Hímera, en Sicilia, que tiene que ser anterior al año 409 a. C., cuando Cartago arrasó la ciudad. Otra lámina del siglo IV a. C., hallada en Falasarna, en Creta, repite el arranque con su propia variante: aski kataski. Y los papiros mágicos de Egipto siguieron copiando ese mismo comienzo durante siglos.
El teatro cómico las daba por conocidas, que es la mejor prueba de fama. Anaxilas, autor de comedias de mediados del siglo IV a. C., saca a un personaje que lleva «hermosas letras efesias» en bolsitas de cuero cosidas. Menandro, en su comedia El niño, describe a un hombre que da vueltas alrededor de los novios recitando conjuros efesios para protegerlos. Y Plutarco, ya en época romana, cuenta que los magos mandaban a los endemoniados recitar las letras efesias.
El luchador del tobillo y la pira de Creso
Las dos historias más famosas sobre las letras efesias las repiten los diccionarios griegos desde el siglo II hasta la Suda, la gran enciclopedia bizantina. La primera es deportiva. En Olimpia luchaban un milesio y un efesio, y el milesio no había manera de que pudiera con su rival. Hasta que se descubrió que el efesio llevaba las letras efesias atadas al tobillo. Se las quitaron, y el efesio cayó treinta veces seguidas.
Dice mucho de la reputación de la ciudad: el amuleto llevaba el nombre de Éfeso, y el luchador que lo escondía era de allí.
La segunda historia es más grave. Se contaba que Creso, el rey de Lidia que pagó buena parte del gran templo arcaico de Artemisa, pronunció las letras efesias en la pira donde iban a quemarlo vivo. Heródoto cuenta esa misma pira sin magia: en su versión, a Creso lo salva una lluvia enviada por Apolo.
Escritas en la diosa: la estatua de Artemisa
La relación con Éfeso no era solo el nombre. Pausanias, un lexicógrafo del siglo II d. C. al que cita siglos después Eustacio, el comentarista bizantino de Homero, escribe que las letras efesias aparecían, poco legibles, en los pies, el cinturón y la corona de la estatua de Artemisa de Éfeso. Si era así, la fórmula que un luchador escondía en el tobillo estaba copiada de la imagen más venerada de la ciudad.

Las estatuas que se ven hoy en el museo de Selçuk no son aquella imagen, que estaba en el Templo de Artemisa, sino copias romanas de mármol. La mayor, la Gran Artemisa, tiene un vaciado a tamaño real en el Museo de Historia del Arte de Viena. Lo que significan las formas ovaladas de su pecho es otro enigma, que repasamos en la Artemisa de Éfeso y sus símbolos.
La diosa, además, viajaba. Su silueta de frente, con los brazos extendidos y a menudo con un ciervo a cada lado, se repetía en monedas, figurillas y lámparas de aceite que circulaban mucho más allá de Éfeso. Las letras y la imagen salían de la misma ciudad.

Hechos 19: los exorcistas y la hoguera de libros
Pablo vivió en Éfeso unos tres años, entre el 52 y el 55 d. C. aproximadamente, como contamos en San Pablo en Éfeso. En medio de esa estancia, Lucas, el autor de los Hechos, encadena varias escenas que solo se entienden en una ciudad de amuletos y conjuros. Primero, los milagros: a los enfermos se les llevaban los pañuelos y los delantales que habían tocado al apóstol (Hechos 19:11-12).
Después llega la escena de los hijos de Esceva. Unos exorcistas judíos ambulantes intentaron expulsar demonios en nombre de «Jesús, el que Pablo predica». Entre ellos estaban los siete hijos de un tal Esceva, al que el texto llama sumo sacerdote judío. El espíritu les contestó, en la Reina-Valera de 1909: «A Jesús conozco y sé quién es Pablo: mas vosotros ¿quiénes sois?». Y el endemoniado se les echó encima y los hizo huir de la casa desnudos y heridos.
Dos detalles que señalan los estudiosos. Ningún sumo sacerdote llamado Esceva aparece en las listas judías conocidas, así que el título pudo indicar una familia sacerdotal o ser, sencillamente, una etiqueta para atraer clientes. Y en el versículo 16, el texto griego dice que el hombre pudo con «ambos», no con los siete, una rareza que muchas traducciones suavizan. El resto de pasajes bíblicos de la ciudad está en Éfeso en la Biblia.
La noticia corrió por la ciudad y muchos de los que ya habían creído vinieron a confesar lo que habían hecho. Entonces ardieron los libros. Así lo cuenta Hechos 19:19 en la Reina-Valera de 1909: «Asimismo muchos de los que habían practicado vanas artes, trajeron los libros, y los quemaron delante de todos; y echada la cuenta del precio de ellos, hallaron ser cincuenta mil denarios».
Lucas no dice dónde ardieron. «Delante de todos» invita a imaginar una plaza pública, y la que primero viene a la cabeza es el ágora comercial, el gran mercado junto al teatro. Pero sería una suposición, y preferimos decirlo así.
¿Cuánto valían los libros quemados en Hechos 19?
El griego dice «cinco miríadas de plata»: cincuenta mil monedas. La Reina-Valera de 1909 lo traduce por denarios y la de 1960 por piezas de plata, y casi todos los comentaristas entienden dracmas o denarios, que en el Oriente romano valían más o menos lo mismo. Un denario era el jornal de un día de trabajo: es lo que paga el dueño de la viña en la parábola de Mateo 20:2.
La cuenta es sencilla y da vértigo. Cincuenta mil jornales son unos 137 años de trabajo de un jornalero que cobrara todos los días del año, sin descanso. Leída aquí, la cifra mide lo que aquellos efesios estaban dispuestos a perder.
¿Por qué tan caros? Un libro de magia era un manuscrito copiado a mano, casi con seguridad un rollo, lleno de recetas, conjuros y nombres que había que pronunciar sin un error, como las letras efesias. Era una herramienta de trabajo, no un libro de lectura. Unos sesenta años después, la ciudad levantaría la Biblioteca de Celso para guardar unos 12.000 rollos de otra clase.

Dónde ver hoy la magia de Éfeso
De la magia de Éfeso no queda un lugar concreto que visitar, pero sí sus escenarios:
- El Gran Teatro, donde termina el capítulo 19 con el motín de los plateros. Desde el graderío se lee el capítulo entero.
- El ágora comercial, al pie del teatro: el mercado donde trabajaban los artesanos de la ciudad.
- La sala de Artemisa del Museo de Éfeso, en Selçuk, con las dos estatuas de la diosa. Tiene entrada propia, distinta de la del yacimiento; los datos oficiales están en la ficha del Ministerio de Cultura y Turismo.
- El solar del Templo de Artemisa, donde estuvo la imagen original. Hoy queda una columna en pie.

Es el pasaje por el que más nos preguntan en la excursión de Éfeso bíblico, en la que leemos Hechos 19 donde ocurrió. Llevamos el texto, así que no hace falta traer Biblia, y lo leemos entero en el teatro: los exorcistas, la hoguera y el motín. Como agencia con licencia compramos las entradas por adelantado: el acceso prioritario va incluido sin suplemento y cada entrada se paga a su tarifa oficial, sin recargo, como explicamos en la guía de precios de Éfeso.
Ese recorrido no entra en el museo de Selçuk. Si quiere ver la Gran Artemisa el mismo día, díganoslo al reservar y la incluimos; en una escala de crucero corta suele ser lo primero que se queda fuera, y preferimos avisarlo antes.
Un consejo para la lectura: no se quede en el versículo 19. Siga hasta el 27, cuando el platero Demetrio protesta porque Pablo les está arruinando el negocio. Leídos juntos, la hoguera y el motín cuentan la misma historia dos veces: primero pierden dinero los que vendían conjuros, y después los que vendían templetes de plata de la diosa. En Éfeso, la magia y la fe también se medían en monedas.
Fuentes y lecturas
- Hechos de los Apóstoles 19, texto griego (Westcott-Hort) — Perseus Digital Library, Tufts University
- Große Artemis von Ephesos — Kunsthistorisches Museum Wien
- Museo de Éfeso (Selçuk) — Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía
- Suda On Line, ε 3864, «Ephesia grammata» (con las notas sobre Anaxilas, Menandro, Plutarco y Pausanias)
- Clemente de Alejandría, Stromata V, 8: la lectura de Andrócides (traducción inglesa, New Advent)
Escrito por el equipo de guías de Gezginol en Kuşadası. Si ve algo que ha cambiado sobre el terreno — un horario, un precio, una obra — díganoslo a info@excursiondeefeso.com y lo corregimos.

