Dos puertas, setenta metros de desnivel y unos tres kilómetros de mármol. El orden en que se recorre cambia por completo el día.
Éfeso no es un monumento: es una ciudad. Tenía teatros, bibliotecas, mercados, casas ricas, burdeles, letrinas públicas y un puerto por el que entraba media Asia. En su mejor momento, bajo Roma, vivían aquí unas 250.000 personas, lo que la ponía entre las mayores del mundo conocido.
El yacimiento tiene dos entradas: la puerta alta (Magnesia) y la puerta baja (del puerto). Entre ellas hay unos setenta metros de desnivel. Entrar por arriba y salir por abajo significa caminar tres kilómetros siempre en pendiente suave a favor; hacerlo al revés es una cuesta larga bajo el sol. Es la decisión más importante del día y casi nadie la toma a conciencia.
Qué se ve, en orden de bajada
El Odeón: un teatro pequeño y cubierto para unos 1.500 asistentes, donde se reunía el consejo de la ciudad y también se daban conciertos.
El ágora del Estado y el pritaneo: la parte administrativa y religiosa, con el fuego sagrado que no podía apagarse nunca y donde aparecieron las dos estatuas de Artemisa del museo.
La calle de los Curetes: la bajada principal, flanqueada por columnas, fuentes, tiendas con mosaico y el templo de Adriano con su arco y su cabeza de Medusa.
Las letrinas públicas: cuarenta y ocho asientos en fila, agua corriente por debajo y ninguna intimidad. Explican mejor que nada cómo era la vida cotidiana.
Las Casas de la Ladera: entrada aparte, bajo cubierta, con mosaicos y frescos intactos.
La Biblioteca de Celso: la fachada más fotografiada de Turquía y la tumba de un gobernador debajo.
El ágora comercial y la puerta de Mazeo y Mitrídates: el mercado principal, cuadrado y enorme, donde se comerciaba con todo el Mediterráneo.
El Gran Teatro: veinticinco mil espectadores y el escenario del motín que cuenta el capítulo 19 de los Hechos.
La calle Arcadiana: la avenida con columnas que iba del teatro al puerto, iluminada de noche con lámparas, algo casi único en la Antigüedad.
Cuánto está excavado
Alrededor del veinte por ciento. Todo lo que se visita en una mañana es una quinta parte de lo que sigue enterrado bajo los campos de alrededor. Las excavaciones sistemáticas empezaron en 1895 y siguen: el Instituto Arqueológico Austríaco lleva más de un siglo trabajando aquí.
Por la puerta alta, la de Magnesia, si puede elegir. Así el recorrido va cuesta abajo y sale por la puerta del puerto. Si va por su cuenta necesita que alguien le recoja en la salida, porque las dos puertas están a tres kilómetros una de otra.
¿Se puede visitar Éfeso por libre?
Sí, perfectamente. Hay paneles informativos en varios idiomas. Lo que cambia con un guía no es el acceso, sino entender qué está mirando: sin explicación, muchas piedras se quedan en piedras.
¿Hay sombra?
Muy poca. Algunos pinos cerca de la entrada alta, el arco del teatro y la cubierta de las Casas de la Ladera. En julio y agosto conviene ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde.
Véalo con alguien que sabe contarlo
Nuestros guías son oficiales, viven aquí y hablan español. Díganos la fecha y le mandamos un plan y un precio en menos de 24 horas.
Los orígenes de la ciudad de Éfeso se pueden encontrar en la época de los Ititas, así como en la Biblia. Los vestigios de esta ciudad, y los relatos de nuestra guía turística, nos ubica en la historia y en la sociedad del momento, pudiendo valorar los actuales derechos del hombre. Es un lugar impresionante por su grandiosa arquitectura. Para visitar este lugar se necesitan zapatos cómodos, sombrero y no puede faltar…